Una API de IA es la puerta por la que un programa le manda texto a un modelo y recibe la respuesta, sin pasar por la pantalla de un chat. La app arma el pedido, se autentica con una clave secreta y paga por lo que usa. Así funcionan los botones de IA dentro de muchas apps.
📱La app arma el pedido→🔑Se autentica con su clave→🤖El modelo responde→💰Paga lo que usa
Ponlo a prueba
Una pregunta de la app. Elige una respuesta.
Una API de texto te pasa la cuenta del mes. ¿Qué suele medir?
Las API de texto suelen medir texto, no tiempo: lo que mandaste y lo que generó, contado en tokens. Otras, como algunas de voz, cobran por minuto.
La entrada es tu mensaje y el contexto que viaja con él; la salida, lo que escribe el modelo. Cada parte se cuenta en tokens y tiene su tarifa.
Una pregunta corta y una larguísima no cuestan lo mismo: se cuentan los tokens de cada una, no las preguntas.
Imagina una app de recetas. Escribes «tengo arroz, huevos y un tomate». La app no le pasa sólo eso al modelo: arma un pedido con sus propias instrucciones («eres un asistente de cocina, responde con una receta de 3 pasos»), le suma tu mensaje y lo envía por la API. Unos segundos después recibe el texto de vuelta, muchas veces en un formato de datos como JSON, y lo muestra con su diseño.
Cada pedido suele ser independiente: el modelo no recuerda el anterior. Si la app quiere que siga una charla, le reenvía el historial en cada pedido, y todo eso entra en la ventana de contexto. Algunas APIs guardan la charla del lado del proveedor; si no, la «memoria» la arma la app.
La clave de API es como la tarjeta
Para usar una API creas una clave en la cuenta del proveedor: una cadena larga de letras y números. Con ella el proveedor sabe quién pide y a quién cargarle el gasto. Quien tenga tu clave puede usar la API a tu nombre, y la cuenta llega a ti.
El error más común es dejarla donde otros la ven: pegada en el código de una página web o de una app móvil (se puede extraer), o subida a un repositorio público en GitHub. La clave va en tu servidor, en una variable de entorno, y la app le pide al servidor. Si se filtró, bórrala y crea otra; y si el proveedor lo permite, pon un límite de gasto mensual.
API no es lo mismo que el chat
Un chat como ChatGPT es un producto terminado: entras, escribes y listo. La API es una pieza para construir el tuyo. Por eso se cobra distinto: el chat suele ser gratis o una cuota fija, y la API suele cobrarse por uso, según los tokens que envías y recibes. Además, en muchos proveedores son cuentas separadas: pagar el plan del chat no suele incluir crédito para la API.
Si programas desde Latinoamérica, ten en cuenta que muchos proveedores piden una tarjeta que acepte pagos internacionales y trabajan con crédito cargado por adelantado. Cargar poco al principio y mirar el panel de uso es la forma más barata de aprender cuánto gasta tu app de verdad.